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{Gargantuario. Nuevo poemario de los cien gaiteros del delirio}

{ Libro de odas y versos escritos en las paredes de la Taberna del Olvido. }

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GARGANTUARIO - NUEVO POEMARIO DEL OLVIDO

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    Inicio > Historias > Del país de la pena

    Del país de la pena


    Hanni Ossott

               te enseñaré el miedo en un puñado de polvo"
               -T.S. Elliot

    ¿Quién soy?. .. "¿La luz que ilumina esta verja, esta tierra?"
    ¿Soy los árboles y las plantas? ¿Acaso el mar?
    Soy colinas, riberas, agua bañada de luz
    Soy un cuerpo cansado de tanta errancia
    un cuerpo y un alma cansados del miedo
    Soy el temor.
    Desde lo profundo y oscuro escucho y tiemblo
    Oigo lo profundo, lo oscuro, lo difícil
    las contradicciones, todos los polos opuestos
    las negruras, las blancuras, los intercambios
    como si lo blanco reuniera a lo negro
    como si lo negro reuniera a lo blanco.

    ¿Quién soy?
    Primero una pena, luego el soportar.

    Veo barcos, barcos múltiples que tocan mi orilla
    Veo una casa destrozada por el dolor, demasiado cercana.
    Los barcos relucen en la noche
    -veo sus banderas
    ellos son el arribo, la llegada
    mas no la cura de la más antigua herida.
    Veo barcos enfermos, antiguos, dolientes
    y adentro muletas, invalidez, desazón.

    ¿Quién soy?

    El sol me quema, incendia mi piel, ilumina mis ojos
    Me vuelvo ardiente, soy ardiente     respondo con amor a la canícula.
    Yo te he buscado para saber quién soy, y yo no
    sé quién soy

    La hojarasca me ha arrastrado
    Quizás para salvarme
    Mi cuerpo está cubierto por una alfombra vegetal
    la pelusa de las hojas me acaricia
    me he hundido en lo verde
    duermo, duermo, duermo
    para que todo pase, para que todo termine de pasar.

    Soy ahora el pájaro que enterré en el jardín
    duermo bajo la tierra para que todo pase
    quiero obviar el dolor y el horror. Olvido, olvido. . .
    Pienso, ya no es tiempo de la resaca
    cada ola me dicta una continuidad
    nos la dicta
    mi continuidad es una estación sutil, imperceptible
    a los apresurados.

    Tú llegaste del país de la pena. ¿Adónde, adónde?

    El mar se abre en mí, vasto para lavarme,
    regarme
    poco a poco voy hacia él
    con respeto.

    Y lejos veo los barcos
    barcos cargados de llanto, de indignación contenida
    barcos magdalenas.

    "¿Escribiste el poema, lo lograste hacer bien?
    Te pregunto".
    ¿Quién soy?       Te fui a buscar
    Pero fue en Venecia donde te vi
    Allí estaban tus cosas
    manteles, bisutería, un granate, topacios
    Venecia: reposo para la melancolía.
    Padezco
    ¿Quién soy yo?
    Quiero ir a la playa, quiero ver el mar
    quiero ver la tierra estremecida por el amor del mar
    adoraré la belleza, los esplendores
    La ciudad me obliga a trabajar
    y yo mientras tanto suspiro
    suspiro.
    Después de tanto dolor creo que las cosas se acomodarán
    un remiendo por aquí, otro por allá
    estoy extenuada
    -tres años y medio de edad son suficientes
    para entenderlo todo
    vida, muerte, abandonos, distancias.

    No soy hija de la guerra, suspiro...
    soy nieta

    Este pasado me lo voy a tomar lentamente, con demoras
    (mi marido es humorista y ríe, ríe de mí y tiene razón)
    También mi padre decía: "Hay que reírse"
    pero no pudo reír, de tanta pena.

    ¿Quién soy? Creo que soy una trinitaria encendida
    una trinitaria fucsia
    colgando sobre el muro.
    He colocado mi florecer sobre el muro
    para que sea más hermoso
    para que se suavice
    quizás quiero ocultar u olvidarme
    de esa piedra tan áspera. El muro.
    El muro de Berlín.

    No quiero el horror sino la tolerancia
    la casa, amigos, libros,
    el granate de amor, los hermanos.

    Quiero que en mí se resuelva el mar, la hojarasca.

    ¿Dónde estás?       ¿Dime, quién soy yo?

    Los árboles están silentes, no hay grillos
    sólo lo metálico suena
    máquinas y dinero se dejan sentir
    oigo carros y al fondo una huelga
    ¡nada pasa aquí!
    pero las luces están encendidas
    y el corazón arde.
    Soy testigo de esto. Y de lo otro
    Soy testigo.

    No importa.       Allí está la flor del apamate
    Tú dijiste que era la flor del apamate.
    He visto la flor del cerezo
    era bellísima.       Doctor, era bellísima.

    Ah, tanto agobio, a veces carezco de fuerzas.

    Todo lo que tenemos que cuidar: nosotros, la tierra, el alma
    supongamos que la poesía también
    y los niños, el niño en nosotros
    la cocina, la lucidez en la cocina
    la lista es demasiado larga
    y es demasiado para nosotras
    ¿podrán los hombres ayudarnos?
    ¿oírnos?
    demasiado peso; sí, demasiado peso demasiado
    agobio.

    Venecia, Venezuela
    Suspiro, tiemblo, ardo
    Mi marido trabaja y es de noche.       Las gatas chillan.
    Oigo el mar, la caracola me informa
    No todo es resolución, pero algo debe resolverse
    algo así como una paga
    ¿pero qué?, no sé...

    ¿Qué soy? Escucho algo en mí, una voz, quizás
    algo que quiere salir
    algo claro
    que ahora no entiendo, que rumorea.

    ¿Soy de la Edad Media?
    atrás están mis muertos
    atrás y cerca
    ellos, los dolientes
    los que no entendieron el absurdo
    su propio absurdo
    los que no pudieron verse aún
    ellos, los adolescentes
    los que padecían, adolecían.

    Una vez dije: El mar en mí no deja dormir
    Ahora lo sé,
    sé qué significa la vigilia
    estoy atenta
    llevo algas apegadas a mi cuerpo.

    ¿Quién soy? ¿Una ruta? ¿Un camino?
    ¿Una carretera entre ciudad y ciudad?
    ¿Seré un intermedio, un lapso?
    No la conciliación, no. Sino algo más
    Veamos, debo clarificarme, o quizás no.

    Veo una línea de palmas, una neblina
    Allí hay dos y tres
    un hombre, una mujer
    dos hombres
    lejos, niños

    Sé lo que ello significa
    arenisca, polvo visto entre la luz
    puntos que atajo

    Mi corazón arde, latido a latido
    no hay fragua
    estoy en calma.

    La casa está aquí, aquí los fuegos y las aguas
    aquí el lar
    "Pero tú, tú sufriste tanto, para todo esto"

    Ah... mi pasión. Ah... mis perdones
    Claridad, luz divina, ven a mí.

    El sol arde y quema, se consagra frente a mi otoño
    El sol me habla, contra el otoño, contra la ruina
    -pero también soy el otoño.

    Ah fruta veloz pronta a la tristeza
    todo lo bello en ti, pelusa de durazno
    se regala para ser higo
    como si fuese un intercambio
    entre lo difícil y lo fresco.

    Mi ámbito, ¡cuánta claridad!
    Oh tierra, cuánto debo hacer para comprenderte
    cuán minuciosa debo ser.
    Ahora vivo en el detalle, en fragmentos, en trazos
    sobre la línea de un rostro.

    ¿Quién soy?
    No tengo cara, seguro, es seguro, no tengo cara
    mis ojos vuelan más allá
    mis pómulos son contundentes
    mi cabello revolotea o se hace dócil
    la luz lo abrillanta, lo achica
    fuegos en mí arden

    Y ahora quiero algo parecido a la paz
    algo así como lo regular
    tiemblo encendida de tanta pasión
    (Mi marido está durmiendo... , al fin; así no me oye
    mi marido sabe cuando pienso, cuando siento,
    la resonancia de mí le llega y es fuerte).

    Estoy en mi cuarto, en mi "cuarto propio"
    Allí está la ardilla alemana
    las muñecas: la inglesa, la merideña
    la venezolana, la italiana
    allí está el pájaro primitivo
    la talla
    allí la foto del balcón hacia ningún lugar

    Grecia, Alemania, Venezuela, Londres, Venecia, Egipto.
    Los cuidos.
    Es demasiado.      Suficiente. Suficiente.
    Carezco de fuerzas
    He dejado el poema, la palabra
    He hablado demasiado.

    Ya casi no hay culpas
    sólo la sombra desfalleciente de lo que somos
    amparo
    queremos amparo
    los buques con sus luces
    las banderas
    los cañones, las balas, las invisibles balas
    ya no entran en mí
    oigo sólo la voz de los grillos
    la voz de la tierra
    la voz de la naturaleza
    queda, casi mugiente
    como una imploración
    ¿quién oye?
    ¿quién está allí?
    ¿quién habla?
    Toco a
    las puertas
    No es el de adentro quien pregunta
    Es el de afuera
    el demolido
    el cansado
    el exhausto
    Y mi voz se alarga, se extiende
    ¿Quién está allí?

    El rayo de luz se ha acortado
    debo dormir, es de noche
    los ángeles nos cubrirán
    como a una pareja de amor
    en cuido
    Mi alma sola late y veo los reflejos
    hay allí un cuaderno, hay allí un lápiz
    un molinillo de café
    y está la firma de Steinberg, a quien no conozo

    El grillo salta y salta -lleva la libertad en sí
    Acciono, acciono y no comprendo
    trato de comprender, lentamente
    mi niñez y mi vejez lo impiden
    tengo cuarenta años.

    Dios, ¿qué significo. .. ¿quién soy?
    Hay un alba, sí
    y una medianoche
    hay un cuerpo que ondula
    hay mujeres con un pañuelo amarrado a la cabeza
    y eso significa algo, un luto quizás
    pañuelos negros para sujetar la desesperación
    creo que todo tiene significado
    sé de todo lo que significa

    ¿Quién soy? ¿Tengo yo un significado?
    ¿Soy una palabra, un viento, una planta?
    Mi corazón arde.       Lloro, ardo...
    Ahí voy, como a la sombra de destinos
    La pluma de mi pluma está ardiente
    revoloteando, siguiendo la brisa

    Mar, en ti confío para que des a los otros su límite
    como a la playa
    Estoy absorta ante ti, casi espantada
    todos mis riesgos se retraen
    Cuido. Cuido. Cuido.       Habrá que ir con cuido.

    ¿Qué mas?           Las estrellas están allí. Silentes.
    Y hay obra.       Corazón.
    Si todo esto ha sido malo... ¿entonces?
    Entonces no habrá corrección.

    ¿Quién soy?       ¿El milagro de un error?
    La ventana se abre
    La culpa se ventila
    El sol irradia

    En la costa yace un marinero
    la mujer llora
    desconsuelo, desconsuelo, desconsuelo

    No hay punto final para esta guerra
    esta guerra horrible
    esta destrucción
    mi alma ha sido partida en dos
    piedad por mis ángeles
    Santa Cruz

    He llorado.       La tierra me sublima.       Los vegetales
    La carne
    El hombre me sublima
    y estoy por él más allá de él
    entre cacharros y suspiros
    Por ello lavo la casa
    Y este grito solitario... ¿qué será?
    Suficiente.

    Es la luz de la Luna lo que hoy me ilumina.




    "Del país de la pena", escrito por Hanni Ossott en noviembre de 1.985, pertenece al volumen "El reino donde la noche se abre".
    Su autora ingresó a la luz del Universo en Caracas, tal que un 14 de febrero del año 1.946; regresando al reino de las sombras silentes el pasado 1 de enero de 2.003.
    El presente poema, ha sido recogido de la interesante revista de poesía "Panfleto Negro".
    Tras la lectura de este Reino donde la noche se abre nos quedará siempre un interrogante:
    ¿Quienes y qué somos?        Que cada quien responda..

    2003-02-20 09:04 | 0 Comentarios


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