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{Gargantuario. Nuevo poemario de los cien gaiteros del delirio}

{ Libro de odas y versos escritos en las paredes de la Taberna del Olvido. }

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GARGANTUARIO - NUEVO POEMARIO DEL OLVIDO

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    Inicio > Historias > Fútbol callejero después del colegio en octavo grado

    Fútbol callejero después del colegio en octavo grado

    Por: Dennis Cooper



    Sus vaqueros relucían, cortados
    muy por encima de la rodilla, y mis amigos
    y yo los observábamos desde el porche,
    con algún libro de poemas perdido en el regazo
    y los ojos muy abiertos, peces
    tropicales detrás de nuestras gafas.

    La pelota pasaba de mano en mano;
    sus zapatillas deportivas se clavaban
    en el asfalto, y había focos de sudor
    en sus espaldas poderosas. Soñábamos
    con abrazarlos, agacharnos frente a ellos
    en habitaciones extrañas, y corrernos.

    En una ocasión la pelota llegó
    hasta donde estábamos y dos de los chicos
    vinieron con los brazos en jarras pidiendo
    que se la devolviéramos, lo que hizo Arthur
    bastante mal, y tuvieron que correr a por ella.
    Uno se dio la vuelta y nos dio las gracias,

    y nos imaginamos sus dientes afilados
    recorriéndonos el cuello. Queríamos
    que se acercasen, que pusieran sus profundas
    y húmedas axilas sobre nuestros labios, después
    sus níveos culos y luego aquellas
    bocas estridentes. Un día uno de los chicos

    estaba demasiado cansado; no se movió
    con la suficiente rapidez y le atropelló un coche.
    Se quedó tumbado quince metros más allá, muy sexy,
    pero ya cadáver, la sangre como si fuese carmín,
    y sus compañeros se reunieron en la acera.
    Nos acercamos a ellos, pareciendo

    una gran fraternidad ante la policía, que nos preguntó
    si era nuestro anigo; aquellos chavales
    estaban demasiado tristes como para responder.
    Sabíamos su nombre, Tim y que una vez
    nos dio las gracias amablemente, pero ahora estaba
    debajo de una sábana, tan anónimo como Dios,

    rodeado de todos esos tiarrones llorando,
    murmurando incoherencias, con nosotros
    tan pasmados como se sienten los intelectuales
    en estos casos; nuestras agudas voces
    quedas como el tintineo de una lámpara de araña
    en un techo demasiado alto e inalcanzable.


    2005-02-10 01:00 | 0 Comentarios


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