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{Gargantuario. Nuevo poemario de los cien gaiteros del delirio}

{ Libro de odas y versos escritos en las paredes de la Taberna del Olvido. }

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GARGANTUARIO - NUEVO POEMARIO DEL OLVIDO

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    Inicio > Historias > Lima ciudad colonial

    Lima ciudad colonial

    Por: José Santos Chocano

    I

    Lima-Palacio de gobierno y cambio de guardia

    ¡Oh Ciudad de los Reyes! Va a cantarte el poeta.
    No es el inca suntuoso de arrogante silueta,
    ni es el aventurero de infatigable espada:
    es el virrey galante de peluca empolvada.
    Va a cantarte el poeta, que el virreynato evoca
    con el llanto en los ojos y el suspiro en la boca;
    porque extraña ese tiempo de primor y nobleza:
    ¡Oh dolor blasonado!, ¡Oh elegante tristeza...!
    Quien enjoya a su musa por atávicas leyes
    con la heráldica pompa de tus claros virreyes
    o la envuelve en misterios con su saya y su manto,
    ¡te devuelve lo tuyo, porque tuyo es su canto!

    II

    Lima-Calles de

    Una vez que cansado, de mi inútil paseo
    por el mundo, entré a Lima cual si entrase a un museo,
    sentí en mi alma el encanto de las viejas ternuras;
    y, en la noche, ganoso de correr aventuras,
    me lancé al otro lado del granítico puente
    y vagué por las calles de un gran barrio silente.

    Me seguía la Luna como el sueño de un hada,
    con su blanco casquete de virreyna encantada;
    y, a la luz pavorosa de su fría linterna,
    escuché los rumores de una música interna,
    que me hablaba de cosas que se fueron, de gentes
    que pasaron, de tiempos que no son los presentes.

    Las callejas tortuosas, los vetustos balcones,
    los arcaicos portales con sus pétreos blasones;
    y las plazas rendidas en que sólo la Luna
    divagaba a manera de un amor sin fortuna,
    fueron dando a mis ojos la impresión de esos días
    de prosapias heróicas, de noblezas bravías
    y de clásicos trajes que arrastraban sus colas
    en un largo paseo de tricornios y golas...

    Vi temblar los relieves de las casas antiguas,
    animarse los santos de figuras exiguas
    que empotrados reposan en la esquina de cada
    callejón silencioso, desatarse la atada
    cuerda de las dormidas campanas herrumbrosas,
    abrirse los balcones cual fuertes mariposas
    que sus alas despliegan, brillar en los cristales
    floreados de las hondas ventanas conventuales
    las luces de otras fiestas y entre pausados sones
    salir pesadamente las largas procesiones...

    Entendí lo que el río va diciendo en sus quejas,
    descifré el jeroglífico heróico de las rejas,
    combiné mentalmente las letras iniciales
    grabadas en las puertas, leí los madrigales
    y epigramas escritos en la cal de los muros
    y platiqué con frailes de conventos oscuros...
    Y la Luna, ceñida de religioso velo,
    mientras que yo vagaba, desde el fondo del cielo
    parecía seguirme como una enamorada,
    con la muda caricia de su lenta mirada...

    III

    Lima - Catedral

    ¡Oh Ciudad de los Virreyes! Evocada en mis sueños,
    resurgiste en la noche el ayer, con diseños
    imprecisos y tintas sin vigor... Resurgiste
    -tú, la mujer alegre- como una estatua triste;
    pero al soplo de mi alma se reanimó tu barro.
    Cual las tenues visiones del humo del cigarro
    que desenvuelve ensueños en largas espirales,
    desataron los siglos sus sombras espectrales;
    y fueron dando vueltas ante mi fantasía,
    que entre las espirales de ese humo te veía.

    Vi la Fuente de Bronce, prestidigitadora
    de agua en múltiples arcos en que la risa llora,
    que en mitad de tu Plaza dice murmuraciones
    y chismes por la boca de todos sus leones;
    tu Catedral, que es de esas ancianas catedrales
    con torres que parecen mitras episcopales;
    tu Palacio -el Palacio de los Conquistadores-
    que es un recuerdo vivo de otras gentes mejores;
    tu Puente de granito, que ante tantos despojos
    dilata mudamente sus espantados ojos;
    tu Alameda -anacrónica y solemne alameda-
    que luce su follaje de encarrujada seda
    como una dama antigua su acuchillado traje,
    a lo largo del río con su espuma de encaje;
    y tu Plaza de Toros, que es alegre y coqueta
    y vibrante como una redonda pandereta...

    Lima - Fuente de bronce

    Y vi pasar hileras de ya olvidadas gentes:
    rostros enjutos, hondas pupilas, finos dientes
    entre risueños labios de epigrama, sombrías
    arrugas de entrecejos, sutiles ironías
    de expresión picaresca, semblantes satisfechos
    de nobleza, ostentosos y fementidos pechos;
    calesas, mitras, luces; ora un galán que escapa:
    la punta de un estoque debajo de una capa;
    ora una dama noble que va a misa: un rosario
    que sujeta su nácar entre un devocionario;
    gregüescos y jubones de pompa florentina,
    sayas de canutillo, peines de cornalina,
    hopalandas fastuosas y floretes labrados;
    tricornios de virreyes y cotas de soldados;
    casacones bordados de una caligrafía
    de oro y con botones hechos de pedrería;
    y, sobre todo aquello, la tapada limeña,
    la tapada que ríe, la tapada que sueña
    con un sabroso encanto de helénicos amores
    y va ofreciendo gracias y recogiendo flores,
    hundida en el misterio de su mantón, en que ella
    descubre sólo un ojo como una sola estrella,
    pues la mujer ceñida con un manto de viuda
    es más pecaminosa que la mujer desnuda...

    Es así como pasa la astuta Castellanos,
    que enjoya a su faldero con primorosas manos
    y cubierto de alhajas lo luce en la Alameda,
    donde la aristocracia mirándolo se queda,
    consiguiendo la dama galante y desdeñosa
    que se ocupen del perro los que no de la hermosa;
    y es así como es digna de las muertas edades,
    con su caricatura del perro de Alcibiades.
    Es así como pasa la querida del viejo
    virrey Amat: le pide que le obsequie un espejo,
    y él le obsequia las aguas de un paseo en que un día
    multiplicadamente la cara se vería.

    ¡Salud, Paseo de Aguas, inconcluso durmiente!
    Eres ruina y no fuiste: tu pasado es presente;
    pero, en medio de tanta belleza o picardía,
    finges un cristal roto para mi fantasía,
    que te ve con tus aguas, con tu arco hoy derruido
    y con todo el orgullo que tú hubieras tenido.
    Así, miro en tus aguas la Lima del pasado
    como el remordimiento se mira en el pecado;
    y por eso es que en mi alma surge tu transparencia
    acusadora como si fuese una conciencia...

    IV

    Ventana limeña

    ¡Oh Lima! ¡Oh dulce Lima! Ciudad de los amores:
    en tí sí que los tiempos pasados son mejores...
    Tus fiestas y tus damas, tus cortes y tus lances,
    tus glorias llenarían diez tomos de romances;
    y has sido y serás siempre ciudad de la aventura,
    desde que el gran Pizarro vertió su sangre pura,
    que se esparció en las losas, así como un manojo
    de rosas que se hubieran mojado en vino rojo...

    Bajo tu Sol, que es tibio, no hay nieves ni hay ardores;
    por eso son tan bellas tus damas y tus flores.
    Y así, como en ninguna región, se ve en tu suelo
    entreverados frutos del trópico y del hielo;
    que sólo en tí se juntan, cual si milagro fuera,
    los dos enamorados: el pino y la palmera.

    Como tu clima, extraño también lo tienes todo.
    En el frontón de piedra sus armas talló el godo;
    y tras los cortinajes de seda desteñida,
    está la sala llena de una remota vida:
    en ella, los tapices borrados ya por viejos;
    los muebles de caoba; los húmedos espejos
    de lunas biseladas y marcos con escudos,
    que ven pasar los años como testigos mudos;
    las líricas arañas con tules; las alfombras
    en que sonar parecen los pasos de las sombras;
    los cuadros de doliente y mágicas pinturas
    que evocan todo un tiempo; y, a veces, armaduras,
    en donde, entre las aspas de acero contra acero,
    sobre un broquel, un casco sacude su plumero...

    Retrato de hace un siglo: tú sabes propiamente
    que es un fantasma apenas la Lima del presente;
    tú que a las nietas oyes, sentadas en el piano,
    resucitar las notas de un tiempo ya lejano...
    ¡Oh, quién violar pudiese la idea y el anhelo
    que sólo tiene el mudo retrato del abuelo!

    Así, cuando en el fondo del cielo se destaca
    la Luna como el vidrio de una linterna opaca,
    en las estrechas calles de tétricos balcones
    parece que renacen pretéritas visiones;
    y ya del cofre abierto de algún balcón resbala
    un lúgubre esbozado por la colgante escala,
    ya contra un quicio oculto le aguarda un caballero
    y hay de repente un choque relampagüeante y fiero,
    ya por la esquina llega la ronda y en un trazo
    se ven dos sombras que huyen y un solo linternazo.

    V

    Lima - Plaza de armas

    ¡Ciudad de los amores! Tú siempre grande has sido;
    pero eso no te emboza la capa del olvido:
    fue grande tu jolgorio, fue grande tu aventura;
    ¡y fueron también grandes tus días de amargura...!
    Quien rió tu alegría, quien lloró tu quebranto,
    quien enjoya a su musa por atávicas leyes
    con la heráldica pompa de tus claros virreyes
    o la envuelve en misterios con su saya y su manto,
    ¡te devuelve lo tuyo, porque tuyo es su canto!


    2004-04-16 01:00 | 0 Comentarios


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