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{Gargantuario. Nuevo poemario de los cien gaiteros del delirio}

{ Libro de odas y versos escritos en las paredes de la Taberna del Olvido. }

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GARGANTUARIO - NUEVO POEMARIO DEL OLVIDO

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    Inicio > Historias > "-al menos así lo veía a contra luz-"

    "-al menos así lo veía a contra luz-"

    Por: Reina María Rodríguez

    Para Fernando García


    he prendido sobre la foto una tachuela roja.
    -sobre la foto famosa y legendaria-
    el ectoplasma de lo que ha sido,
    lo que se ve en el papel es tan seguro
    como lo que se toca. la fotografía
    tiene algo que ver con la resurrección.
    -quizás ya estaba allí
    en lo real en el pasado
    con aquel que veo ahora en el retrato.
    los bizantinos decían que la imagen de Cristo
    en el sudario de Turín no estaba hecha
    por la mano del hombre.
    he deportado ese real hacia el pasado;
    he prendido sobre la foto una tachuela roja.
    a través de esa imagen (en la pared, en la foto)
    somos otra vez contemporáneos.
    la reserva del cuerpo en el aire de un rostro,
    esa anímula, tal como él mismo,
    aquel a quien veo ahora en el retrato
    algo moral, algo frío.

    era a finales de siglo y no había escapatoria.
    la cúpula había caído, la utopía
    de una bóveda inmensa sujeta a mi cabeza,
    había caído.
    el Cristo negro de la Iglesia del Cristo
    -al menos así lo veía a contra luz-
    reflejando su alma en pleno mediodía.
    podía aún fotografiar al Cristo aquel;
    tener esa resignación casual
    para recuperar la fe.
    también volver los ojos para mirar las hojas amarillas,
    el fantasma de árbol del Parque Central,
    su fuente seca.
    (y tú me exiges todavía alguna fe).

    mi amigo era el hijo supuesto o real.
    traía los poemas en el bolsillo
    del pantalón escolar.
    siempre fue un muchacho poco común
    al que no pude amar
    porque tal vez, lo amé. la madre (su madre),
    fue su amante (mental?)
    y es a lo que más le temen.
    qué importa si alguna vez se conocieron
    en un plano más real.
    en la casa frente al Malecón, tenía aquel
    viejo libro de Neruda dedicado por él.
    no conozco su letra, ni tampoco la certeza.
    no sé si algo pueda volver a ser real.
    su hijo era mi amigo,
    entre la curva azul y amarilla del mar.
    lo que se ve en el papel es tan seguro
    como lo que se toca. (aprieto la tachuela roja,
    el clic del disparador. lo que se ve no es
    la llama de la pólvora, sino el minúsculo relámpago
    de una foto).
    el hijo, (su hijo) vive en una casa amarilla
    frente al Malecón -nadie lo sabe, él tampoco lo sabe-
    es poeta y carpintero.
    desde niño le ponían la boina
    para que nadie le robara la ilusión de ser,
    algún día, como él.
    algo en la cuenca del ojo, cierta irritación;
    algo en el silencio y en la voluntad
    se le parece. entre la curva azul
    y amarilla del mar.
    -dicen que aparecieron en la llanura
    y que no estaba hecha por la mano del hombre-
    quizás ya estaba allí, esperándonos.
    la verosimilitud de la existencia es lo que importa,
    pura arqueología de la foto, de la razón.
    (y tú que me exiges todavía alguna fe)

    el Cristo negro de la Isla del Cristo sigue intocable,
    a pesar de la falsificación que han hecho
    de su carne en la restauración;
    la amante sigue intocable
    y asiste a los homenajes en los aniversarios;
    (su hijo), mi amigo, el poeta, el carpintero de Malecón,
    pisa con sus sandalias cuarteadas
    las calles de La Habana;
    los bares donde venden un ron barato a granel
    y vive en una casa amarilla
    entre la curva azul y oscurecida del mar.
    qué importancia tiene haber vivido
    por más de quince años tan cerca del espíritu de aquel,
    de su rasgo más puro, de su ilusión genética,
    debajo de la sombra corrompida
    del árbol único del verano treinta años después?
    si él ha muerto, si él también va a morir?

    no me atrevo a poner la foto legendaria sobre la pared.
    un simple clic del disparador, una tachuela roja
    y los granos de plata que germinan
    (su inmortalidad)
    anuncian que la foto también ha sido atacada
    por la luz; que la foto también morirá
    por la humedad del mar, la duración;
    el contacto, la devoción, la obsesión
    fatal de repetir tantas veces que seríamos como él.
    en fin, por el miedo a la resurreción,
    porque a la resurrección toca también la muerte.

    sólo me queda saber que se fue, que se es
    la amante imaginaria de un hombre imaginario
    (laberíntico)
    la amiga real del poeta de Malecón,
    con el deseo insuficiente del ojo que captó
    su muerte literal, fotografiando cosas
    para ahuyentarlas del espíritu después;
    al encontrarse allí, en lo real en el pasado
    en lo que ha sido
    por haber sido hecha para ser como él;
    en la muerte real de un pasado imaginario
    -en la muerte imaginaria de un pasado real-
    donde no existe esta fábula, ni la importancia
    o la impotencia de esta fábula,
    sin el derecho a develarla
    (un poema nos da el derecho a ser ilegítimos en algo más
    que su trascendencia y su corruptibilidad).
    Un simple clic del disparador
    Y la historia regresa como una protesta de amor
    (Michelet)
    pero vacía y seca. como la fuente del Parque Central
    o el fantasma de hojas caídas que fuera su árbol protector.
    ha sido atrapada por la luz (la historia, la verdad)
    la que fue o quiso ser como él,
    la amistad del que será no será jamás su hijo,
    la mujer que lo amó desde su casa abierta,
    anónima, en la página cerrada de Malecón;
    debajo de la sombra del clic del disparador
    abierto muchas veces
    en los ojos insistentes del muchacho
    cuya almendra oscurecida
    aprendió a mirar
    y a callar
    como elegido.
    (y tú me exiges todavía alguna fe?)




    Reina María Rodríguez nació en la Habana, la perla del Caribe, en 1952.
    Licenciada en literatura hispanoamericana en la Universidad de la Habana es una relevante poetisa y narradora de la literatura cubana actual. Codirige el proyecto Casa de Letras y la revista de creación literaria Azoteas y dicen la buenas lenguas que su casa de la Habana es templo de verso y la rima.
    En 1976 obtuvo el primer premio del Concurso "13 de Marzo" con su libro titulado La gente de mi barrio. Ese mismo año recibió una mención en el concurso UNEAC con otro libro de poesía, Una casa de Ánimas, 1976. En 1980 gana este mismo concurso con el magnífico poemario Cuando una mujer no duerme... También ha sido galardonada en dos ocasiones con el Premio Casa de las Américas por sus poemarios: Para un cordero blanco (1984) y La foto del invernadero (1998), y con el Premio de la Crítica (Cuba) por: En la arena de Padua (1992) y Páramos (1995). Este último recibió asimismo el premio de la revista Plural (México, 1992).
    A partir de Para los pájaros (1995), su noción de la poesía se torna más compleja: encuentra en las palabras de la literatura una extensión de la intimidad de su cuerpo. La forma de sus últimos libros enfoca el problema de la ficción y la poesía como un proceso de la palabra ligada al cuerpo: los poemas acceden a la prosa, una prosa desgarrada. En 1999 obtuvo la Orden de Artes y Letras de Francia, con grado de Caballero. Su último libro se titula Te daré de comer como a los pájaros (poesía), Editorial Letras Cubanas, 2000. Codirige el proyecto Casa de Letras y la revista de creación literaria Azoteas.



    2004-03-27 01:00 | 0 Comentarios


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