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{Gargantuario. Nuevo poemario de los cien gaiteros del delirio}

{ Libro de odas y versos escritos en las paredes de la Taberna del Olvido. }

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Gargantuario en Blogia
GARGANTUARIO - NUEVO POEMARIO DEL OLVIDO

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    ©2002 Tenebris

    Mudanza y Acarreo

    Por: Tenebris



    Ha llegado la hora de mudarse de sitio.
    Se van cumpliendo los ciclos
    y como las hojas del calendario
    las nuevas suceden a las que derrotó el estío.

    Partimos hacia una nueva morada
    en la que colgar nuestros cantos
    nuestros poemas,
    alegrías y llantos.

    No es una despedida
    es un hasta luego,
    mejor dicho,
    un ¡hasta dentro de un rato!

    Nos llevaremos los buenos ratos,
    también los malos,
    nuestros libros,
    todos nuestros viejos trastos;
    aprovechando, el entreacto,
    para reparar lo desportillado,
    acicalar lo viejo
    y desempolvar todo aquello
    que quedó olvidado.

    En el GARGANTUARIO,
    ese nuevo poemario,
    rescatador del Olvido,
    os esperamos,
    con la ilusión de siempre
    y la esperanza
    de que paséis un buen rato,
    celebrando con nosotros
    un millón de alumbramientos.




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    GARGANTUARIO


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    2005-04-15 19:33 | 0 Comentarios


    Posdata

    Por: Hilario Barrero

    Me arrimo a ti
    en una calle estrecha
    y dejo pasar la sombra
    que nos viene siguiendo.


    2005-03-23 01:00 | 2 Comentarios


    * Ludibrios

    Por: Miguel Ángel Torello



    Contenido trasladado a GARGANTUARIO

    2005-03-19 01:00 | 0 Comentarios


    Tres girasoles en la habitación china de Oscar Wilde

    Por: Manuel Lozano



    Ya lo sabes, ya lo habrías de saber:
    en estos obstinados dominios se desmorona el llanto.
    Llueve. Dócil, el letargo
    sucumbe como un ruego en mi boca de esfinge.
    Del otro lado del diluvio -de sus jerarquías tan crueles-
    encuentras la entrada.
    Se abre.
    -Es del amor siempre el crimen.
    Llega ataviado de extraño pasajero
    al infierno de mi melancolía-.
    Parece abrirse el pétalo verdinegro, caníbal.
    ¿Por qué los cuerpos desmembrados
    ríen doblemente al abandono?
    ¿Así enarbolas la herida intocable de tus padres,
    enamorada y persistente en su trono de reina?
    Zumba el aguijón en medio de la feria.
    (El tamborilero nos mira.)
    Altas lombrices contra los hierros
    prueban el agua, solísimas,
    como antes del agua.
    (El tamborilero nos mira.)
    Duelen las hojas de estos pinos
    en la hora feroz del balbuceo.
    ¡Tanto vuelo indiviso, tanto ayer en borrador
    golpeando debajo de las tumbas!
    ¿Pero no lo veían tus ojos, tu esplendoroso vacío,
    como vieron el triunfo de aquél que no se nombra?
    Las alas se incrustan en mi espalda
    con cartílagos, con sangre y con uñas. Río.
    Ríes.
    El pico escarba la seda oscura de todo desamparo,
    aceite hirviendo de la profanación.
    -Celebro mi cacería de memorias mientras duerme el testigo.
    El rostro de amor fue heroico en su tragedia. Me adhiere.
    Vuelve a encarnarse cada noche:
    es que viene para ser reemplazado-.
    Suenan las compuertas a través de los huecos de espejo
    entre ruinas burlonas.
    Raspa el viento desahuciado
    la amarilla flor sin sosiego de los dioses,
    la moradora tenaz de mi agonía.
    Ya no hay llagas para congelar en la caverna.
    El último letargo se divierte en el rocío.
    ¿Qué jinete venerable, gracioso, bruñido,
    ofrece el pan de la paciencia ante el relámpago?
    Parece detener de cada aroma los estigmas.
    Lamo claridades, lamo intersticios.
    En esta madriguera, como un crucificado,
    el hombrecillo francés está gritándome en la puerta:
    "-Ni la muerte ni el sol pueden verse de frente."
    ¿Qué anida dentro del cedro apollillado de esa cruz?
    ¿No aullaba de placer ante la aurora?
    Con las manos atadas, fosforado y feliz,
    llevo ceniza a tu tatuaje.


    2005-03-18 01:00 | 4 Comentarios


    * Arte de cetrería

    Por: Manuel Lozano



    Contenido trasladado a GARGANTUARIO

    2005-03-18 01:00 | 0 Comentarios


    Michel De Ghelderode

    Por: Manuel Lozano



    I

    Andenes bajo los muros.
    ¿Pero de qué júbilo cantas
    el sol asesinado por los ojos?

    II

    Las babas del perro
    jamás reflejan la historia inenarrable
    de un lobo hecho de humo y lamentos.

    III

    De un lado, el cirio.
    Del otro, las larvas errantes
    para la canción del viento.

    IV

    El manantial
    es una fábula sin compasión,
    sin redención para el enigma.

    V

    Recuérdame
    con esta procesión de lavas
    tatuadas en la lengua.

    VI

    Recuérdalo
    sin esperanzas, escupiendo
    cascotes en la tumba
    de sus padres

    VII

    Mirabas
    a través del óxido devorador
    un coágulo de luz:
    raíz en carne viva.

    VIII

    ¡La plegaria
    vuelve a ser rosa adamascada
    en la mano vieja
    de Madame Druit!

    IX

    El enterrador saluda a nadie
    con ojos cegados
    por el mundo.
    Se seca el sudor.
    Más atrás el grito,
    choza de la conciencia.
    ¿Habrá estado la supliciante?


    2005-03-18 01:00 | 0 Comentarios


    Pájaro de cetrería

    Por: Manuel Lozano



    Ahora bien:
    construiré un fanal
    en el oro de cenizas,
    profundas y dilucidadas
    hacia el caliente éxtasis de quien no muere.
    Dondequiera me encuentre,
    los albañiles ciegos quieren alcanzar
    lo inexpresable.
    Apenas son parodia de un dios o del demonio.
    El vuelo sugería palabras:
    celda, herrumbre, látigos de sal
    para medir el tiempo del ascenso.
    Lo vi morir arriba, sin reclamos,
    columna rota de jaspe en miniatura.


    2005-03-18 01:00 | 0 Comentarios


    El viaje

    Por: Manuel Lozano

    Tuve sed de convertirme ardientemente.
    (Extramuros, los peregrinos bajan a la catacumba;
    se diría que llueve sobre la húmeda arena
    del derrumbe.)
    Un hijo me cubría con cera la herida llorada, delirante,
    para no anegar en mí
    la veladora liturgia del navío que me lleve
    a tu costado.
    Por fin el fuego del alivio, fragante juguete
    deshojándose en palabras.
    No lo aparten de aquí.
    El que abre una palabra, bebe la sangre incandescente.
    ¿Qué dirán de aquel blanco testigo en su morada oscura?
    Amará tal vez, sonreirá detrás de las olas.


    2005-03-18 01:00 | 0 Comentarios


    * El niño de la noche

    Por: Miguel Hernández




    Contenido trasladado a GARGANTUARIO

    2005-03-17 01:00 | 7 Comentarios


    * El hombre no reposa...

    Por: Miguel Hernández



    Contenido trasladado a GARGANTUARIO

    2005-03-17 01:00 | 1 Comentarios


    Receta para hacer soledades en un día

    Por: Francisco De Quevedo



    Quien quisiera ser culto en sólo un día
    la jeri aprenderá gonza siguiente:
    fulgores arrogar joven presiente,
    candor construye métrica armonía;

    poco mucho, si no, purpuracía
    neutralidad conculca, erige mente,
    pulsa, ostenta, librar, adolescente,
    señas traslada, pira, frustra, arpía;

    cede, impide, cisuras, petulante,
    palestra, liba, meta, argento, alterna,
    si bien disuelve émulo canoro.


    Use mucho de líquido y de errante,
    su poco de nocturno y de caverna,
    anden listos livor, adunco y poro.

    Que ya toda Castilla,
    con sola esta cartilla,
    se abrasa de poetas babilones,
    escribiendo sonetos confusiones;
    y en la Mancha, pastores y gañanes,
    atestadas de ajos las barrigas,
    hacen ya cultedades como migas.


    2005-03-16 01:00 | 7 Comentarios


    * Propiedad privada

    Por: Raúl Rivero.



    Contenido trasladado a GARGANTUARIO


    2005-03-15 01:00 | 0 Comentarios


    Calabozo cinco

    Por: Raúl Rivero

    No te vieron conmigo
    atravesar las rejas.
    Ni el coro de las llaves
    que usurpaba tu música
    alteró la cadencia
    de sus ritmos fatales.

    Aquí donde dormimos
    silenciosos y nobles
    castigados y ajenos
    en la sombra el linaje
    tú eres aún invisible
    mensajera y mensaje.

    Emoción evocada.
    Es domingo en la tierra
    a mí me tienen preso
    a ti no te ve nadie
    nadie sabe quién eres
    dulce, leve y serena
    prisionera del aire.


    2005-03-15 01:00 | 0 Comentarios


    Versión libre

    Por: Raúl Rivero



    Fui un lobo alguna vez
    un lobo bueno
    escolta personal de la Caperucita
    y enemigo probado de los leñadores.

    Fui lobo mucho tiempo
    y cantábamos
    Caperucita Roja y yo cantábamos
    ?Quién le tiene miedo al Wolf, miedo al Wolf, miedo al Wolf?
    porque éramos armónicos, bilingües, afinados
    y ella tocaba el piano.

    Nos queríamos
    hacíamos el amor
    en la cabaña de la abuela
    en pleno bosque
    con un cesto de mimbre
    sobre la mesa rústica
    que le daba a los besos un rumor de buñuelos.

    Fui un lobo enamorado
    sin instinto de lobo
    un animal de la tercera edad
    manso y tranquilo
    con ojos grandes, tristes, húmedos
    las uñas de las garras recortadas y limpias
    gris y brilloso el pelo
    rojo y acompasado el corazón sin furia.

    De paseo una tarde entre los árboles
    la niña se quitó la caperuza
    y corrió ante el leñador a denunciarme
    por bestia, por amor, por gusto, por hastío
    por los motivos que siempre
    proporcionan los misterios del alma.

    El hombre vino con unos cazadores
    vinieron a matarme
    y a fuego de lupana
    me mataron.


    2005-03-15 01:00 | 1 Comentarios


    * Polvo de estrella

    Por: Raúl Rivero



    Contenido trasladado a GARGANTUARIO

    2005-03-15 01:00 | 0 Comentarios


    Versión Libre... 2

    Por: Raúl Rivero



    No sé qué habrá pasado luego en la espesura.
    A lo mejor es muy feliz Caperucita Roja
    y uno de sus hombres conserva
    mi gran cabeza gris
    (estúpida, seca, la mirada de vidrio)
    en la pared
    a la derecha de la chimenea.

    Yo nunca me engañé
    Mi muerte ha sido siempre el final de este cuento.


    2005-03-15 01:00 | 0 Comentarios


    El corazón

    Por: Georg Trakl

    Blanco se hizo en el bosque el corazón salvaje;
    oh sombría angustia
    de la muerte, así el oro
    murió en gris nube.
    Noche de noviembre.
    Junto al pelado portón del matadero
    el grupo de pobres mujeres;
    En cada canasta
    caía carne podrida y entrañas;
    ¡maldito alimento!

    La paloma azul de la noche
    no trajo reconciliación.
    Un sombrío llamado de trompetas
    atravesó el húmedo y dorado
    ramaje de los olmos,
    una desgarrada bandera
    humea sangre,
    con salvaje melancolía
    un hombre escucha.
    Oh edades de bronce
    Sepultadas en el rubor de la noche.

    Del oscuro zaguán surgió
    la dorada figura
    de la joven
    rodeada de pálidas lunas,
    cortejo otoñal,
    negros abetos se quebraron
    en la tormenta nocturna,
    la fortaleza escarpada.
    Oh corazón
    que pasa brillando hacia un frescor de nieve.


    2005-03-14 01:00 | 0 Comentarios


    El día de las ánimas

    Por: Georg Trakl



    Comadres tristes, damas anodinas
    su tumba iluminada en esas noches
    con rosas rojas, flores azulinas
    adornan, y son lánguidos fantoches.

    ¡Oh, cuan humildes temen esa muerte!,
    sombras en la arboleda ennegrecida.
    El feto llora su futura suerte
    con voz de viento. Yerra luz perdida.

    Amantes claman en un escondrijo.
    Va por las ramas su desesperanza.
    Muerta madre se pudre con el hijo.
    Bailan los vivos una extraña danza
    en el viento tardío. Y es madeja
    enmarañada su vivir y su alma.
    ¡Oh Dios, apiádate de tanta queja!
    Y solo, bajo estrellas, siento calma.


    2005-03-14 01:00 | 0 Comentarios


    Si hablase de tí no pronunciaría

    Por: Yolanda Castaño



    Si hablase de tí no pronunciaría
    las sílabas supremas
    pero besas bien y me gusta estar contigo.
    Mi verde con tu azul.
    Delirio de ramas.
    Mi verde con tu azul.

    Me abstengo de pronunciar esas sílabas sublimes
    pero me gusta cómo abrazas y tu pelo hace juego con mi vestido.
    Tus dedos patinan en mis medias.
    Mi verde con tu azul.


    2005-03-14 01:00 | 0 Comentarios


    Crepúsculo en el alma

    Por: Georg Trakl



    Silenciosa va a dar al lindero del bosque
    una bestia oscura;
    en el cerro acaba quedo el viento de la tarde,

    enmudece en su queja el mirlo,
    y blandas flautas del otoño
    callan entre los juncos.

    En una negra nube
    navegas ebrio de amapolas
    la alberca de la noche,

    el cielo de los astros.
    Aún resuena la voz de luna de la hermana
    en la noche del alma.


    2005-03-14 01:00 | 0 Comentarios


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